De múltiples maneras, nuestro mundo, nuestra sociedad y nuestra cultura se están viendo atomizados. No en el sentido de “ahhh es el fin del mundo”, o de que el tejido social se está descomponiendo y la vida ya no tiene sentido. Más bien, en el sentido de que la vieja cultura de masas a la cual nos habíamos acostumbrado se está viendo a sí misma desagregada, reducida a elementos más pequeños que utilizan los mismos canales de distribución, pero los mensajes que circulan no son ya los mismos homogéneos, uniformes de unos pocos transmisores. Los efectos de este proceso son paradójicos, o cuando menos irónicos: allí donde la sociedad y la cultura de masas engendraron al individuo moderno, individualista y aislado, el fenómeno complementario de hoy pareciera estar generando, más bien, individuos que responden al desarraigo con una profunda necesidad de comunidad.
Entonces, si tenemos algo así como un enfoque (variopinto, por lo demás)… ¿Por dónde lo llevamos? Creo que la situación, o el contexto, amerita reevaluar una serie de factores. Por lo demás, a pesar de todo lo bueno, hay muchísimas cosas de mi formación profesional, la cual hace poco culminó su primera etapa, con las cuales estoy insatisfecho. Particularmente, en que fue bastante poco profesional. Lo que quiero decir (y al afirmarlo creo estar repitiendo un lugar común) es que, al final del camino, me siento bastante poco competente para hacer cualquier cosa. Y sé lo que están pensando: “estudiaste filosofía, claro que no eres competente para hacer nada”. Ja-ja. Pero no es a eso a lo que me refiero. A lo que me refiero es a que todo el proceso se siente inevitablemente como una línea de producción: se aplican más o menos los mismos moldes, se difunden más o menos los mismos patrones, se consiguen más o menos los mismos resultados esperables. Más o menos.
Repentinamente se me ocurrió un pequeño flash de inspiración, de algo que no tengo ninguna certeza o garantía que funcione: el gran propósito, el Gran Tornillo, lo que quieran. La pieza que faltaba, que un poco le daba consistencia al asunto. ¿Para qué IB? En principio, y ni eso, como en por la 4ta revisión, la premisa se volvió a hacer el ejercicio de una crítica cultural en su sentido más amplio, ver lo que pasa y por qué pasa y ese tipo de cosas. Pretensioso, elitista, pseudoilustrado, todo lo que podría esperarse de nosotros (uno no puede sino ser quién es). Quizás el asunto no va tanto por allí, sino más bien por entender más bien precisamente este lugar en el cual tratamos de posicionarnos (plurales van y vienen, pero debo admitir que hablo un poco solo en esto). Precisamente aquella gran lucha por la definición de IB es el gran núcleo del asunto: border line, como le llaman, ese limbo que existe entre lo académico y lo pop. ¿Por qué ese nicho? Quizás simplemente por narcicismo, por llamar la atención.